Cuando un niño se planta ante los deberes: qué hacer en el momento

Frases como 'ten paciencia' no sirven a las siete de la tarde con los deberes a medias. Situaciones concretas y qué decir en cada una, sin pedagogía genérica.

Publicado el 23 de agosto de 2026 por Volver a Clase

Cuando un niño dice “no pienso hacerlos” y cruza los brazos, discutir sobre si va a hacerlos o no es la pelea equivocada. La pelea que sí funciona es más pequeña: conseguir que se siente a la mesa cinco minutos, no que termine toda la tarea de golpe. Una vez sentado, seguir suele costar menos que empezar. Lo que sigue son situaciones concretas, no consejos generales sobre tener paciencia.

“No pienso hacerlos” al llegar a casa

Discutir en la puerta, con la mochila todavía puesta, casi nunca sale bien: es el peor momento del día, justo después de seis horas de clase, y cualquier frase se convierte en munición para seguir peleando. Mejor dejar pasar la merienda y el rato de descanso antes de tocar el tema, y cuando llegue la hora, no preguntar “¿vas a hacer los deberes?”, que invita a un no directo, sino decir algo concreto y pequeño: “vamos a hacer solo el primer ejercicio de mates y luego vemos”. Reducir la petición a algo que parece manejable rompe el bloqueo inicial mejor que insistir en la tarea completa.

Se sienta pero no escribe nada

Aquí el problema casi nunca es pereza, suele ser que no sabe por dónde empezar y le da vergüenza decirlo. En vez de “venga, ponte”, pregunta directamente: “¿cuál es el primer paso de este ejercicio?”. Si no lo sabe, ese es el punto real del atasco, no la falta de ganas, y conviene resolver esa duda concreta antes de pedirle que siga solo.

Sentarse al lado un minuto para leer juntos el primer enunciado, sin hacer el ejercicio por él, suele desbloquear más que cualquier charla sobre la importancia de estudiar. Una vez arrancado el primer ejercicio, el resto suele seguir solo.

Dice que no entiende nada de la asignatura

Cuando la queja es genérica, “no entiendo nada de mates”, conviene bajar a algo concreto: “enséñame el ejercicio que menos entiendes, ese en concreto”. Casi siempre resulta que entiende una parte del tema y se atasca en un paso puntual, no en la asignatura entera. Nombrar ese paso concreto reduce el problema de “no sé nada” a “no sé esto”, que da mucho menos miedo.

Si el atasco se repite día tras día en la misma asignatura, merece la pena hablarlo con el profesor antes de que se convierta en una pelea de cada tarde. Una nota en la agenda escolar, apuntada el mismo día que surge la duda, ayuda a no olvidar qué preguntar en la próxima tutoría.

Se frustra y quiere dejarlo a medias

Cuando la frustración sube y aparece el “no puedo, lo dejo”, parar de verdad ayuda más que insistir en seguir. Un descanso corto y pactado de antemano, cinco minutos, no media hora, con algo que no sea pantalla, deja bajar la tensión sin que el descanso se convierta en el nuevo tema de discusión. Volver pasado ese tiempo con “vamos a terminar solo esto que falta” funciona mejor que “vamos a seguir donde lo dejamos”, porque marca un final visible en vez de una continuación sin fin a la vista.

Compara con un hermano o compañero que sí los hace sin protestar

La comparación casi siempre empeora la situación en vez de motivar, porque convierte el problema de los deberes en un problema de “no soy tan bueno como”. Es mejor comparar con su propio día anterior: “ayer tardaste una hora en esto, hoy has tardado cuarenta minutos”, que sí reconoce un progreso real sin meter a nadie más en la conversación.

Cuando nada de esto funciona esa tarde en concreto

Algunas tardes no hay frase ni truco que arranque nada, y forzar más solo alarga la pelea sin cambiar el resultado. Parar, dejar la tarea para primera hora del día siguiente y avisar de que se hará antes de salir, en vez de después de clase, es mejor que convertir la noche entera en una batalla que nadie gana. No es rendirse, es cambiar el momento en el que se vuelve a intentar.

Ninguna de estas situaciones se resuelve con una frase mágica que sirva siempre. Se resuelve mirando qué está pasando en ese momento concreto, si es que no sabe por dónde empezar, si está frustrado, si simplemente llega agotado, y respondiendo a eso, no a la protesta en sí.